sábado, 2 de abril de 2016

Sunday, April 3, 2016

Las impresiones de lo que uno lee en los libros son verdaderamente vagas. O sea, el drama de la literatura es que la mayor parte del contenido de los libros que leemos en nuestra vida se olvidan rápidamente con el paso de los meses. No es usual que los lectores por las noches le den mil vueltas a los pasajes ofrecidos por los libros; en contra con las impresiones de las cosas que nos suceden a diario.
Las impresiones de la cotidianidad son, innegablemente, más nítidas y vívidas que las que podemos sacar de las novelas. Por esta razón, es difícil mantener la idea de que uno puede crecer a través la literatura en nuestro comportamiento, de forma contraria a las experiencias palpables de la vida real.
En resumen, es muy difícil que un libro pueda cambiar la vida de los demás: "nos puede dejar una buena impresión pero que un lector convencional tenga la idea que los libros cambiaron su vida es algo de que yo pondré por ahora en duda".

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