miércoles, 6 de abril de 2016

Sobre los días con alcohol. Primera parte.


Admitámoslo, hay situaciones que solo las sobrellevarías con un determinado chute de alcohol en el organismo. Estar sentado con dos mendas, que fingen ser mucho más de lo que son -fanfarrones y pretenciosos-, viendo en la caja tonta un mini-concierto de una orquesta peruana de cumbia -esta palabra es usada por los cretinos de la zona-, donde lo último admirable son las voces de las cantantes; músicos que no tocan; letras deprimentes que hablan sobre circunstancias decadentes amorosas; melodías ridículas; los asistentes a la pantomima embriagados  y enzarzados en unos pasos que expresan que nos encontramos en el culo del mundo. Pienso, ¿Asistirán solo para socializar?
Volviendo al tema de los mendas, como Spud en Trainspotting, no entro en onda al estar sobrio o los sentidos se me embotan demasiado con un par de tragos. El panorama primero no es que estimule mucho, pero se podría ganar desenvoltura con el tiempo prescindiendo del alcohol; lo segundo, lo segundo da pena que te cagas. ERGO, el propósito renovado again cabaleros; nada de alcohol, al menos cuando me encuentre en la calle; un buen abrigo para sobrellevar los temporales gélidos que me desaniman el alma. Un cubata no viene mal nunca, lo patético es cuando sobrepasas la cantidad y aparecen las consecuencias:


-No entrar en onda por el exceso de alcohol
-La captación de estímulos se reduce exponencialmente
-Darle caña al tarro sobre temas que no encajan al interés comunal
-Esa cara de mamao es mejor evitarla.

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